Sin línea ni compromisos

Suponga usted

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Suponga usted, solo conjeture, que en una liga profesional de béisbol en cierto país de economía emergente, hay un equipo (los Zopilotes de Villalodo) en el que las contrataciones de peloteros están a cargo del socio minoritario, un personaje ficticio que llamaremos Don Facundo. Él tiene la prerrogativa de elegir todo el roster, incluidos los cinco peloteros extranjeros que permite la liga a la cual pertenece este hipotético equipo.

Don Facundo, que además cuenta con gran conocimiento del deporte rey, es temido y respetado en todo el orbe beisbolero, casi como el patriarca en otoño de García Márquez. Cuenta con ojos en todos lados y grandes orejas como el Gran hermano de Orwell. Está al pendiente de todo lo que se escribe y se dice. Cuando hay algo que no le gusta, el autor del escrito o del comentario padece su furia.

Este inexistente señor encontró, en nuestra historia imaginada, la gallina de los huevos de oro. Ya dijimos que cuenta con la encomienda de proveer jugadores al equipo del que es copropietario, con la salvedad de no tener que desembolsar un solo centavo por su adquisición a los agentes. Eso le corresponde al dueño mayoritario, quien, como todo en este escrito, es ficticio. Aunque se antoja pintarlo como un gran filántropo enamorado del béisbol, llamémosle Próspero, como el legítimo Duque de Milán en la Tempestad de Shakespeare.

El método que tiene Don Facundo para hacerse de millones de morlacos (la moneda del país de nuestra historia), es el siguiente: Viaja a costa de Don Próspero a un país lejano para realizar labores de visor. Supuestamente analiza a los peloteros que cuentan con las herramientas para reforzar a los Zopilotes, pero en realidad, hace una larga lista con aspirantes de diversas calidades, desde bulto irremediable, hasta verdaderos jugadores de cinco herramientas.

-¿Cuánto por ese zurdo descontrolado?- Pregunta Don Facundo al agente. –Ese es barato, señor, $50,000 morlacos. -Muy bien,- replica Don Facundo, -hazme una factura por $75,000 morlacos y fírmame este pagaré por $25,000.- Ufano, Don Facundo regresa a su país de origen con una lista de nombres y sus precios. Presenta las facturas y le reembolsan con tremendo cheque.

A lo largo de la temporada, los Zopilotes comprueban que algunos de los jugadores que contrató Don Facundo no tienen las características que se necesitan, por lo que empieza un conveniente desfile de extranjeros que alegra a Don Facundo, pero que merma las posibilidades de los Zopilotes de hacerse del ansiado campeonato de la liga. Algunos duran un mes, otros semanas, otros solamente un par de juegos.

Hasta ahí esta imaginaria historia de personajes poéticos de tragedia y de comedia.

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